Por todo lo que supo era obediente y triste

y cuando se marchó por esa calle

-que tan bien conocía- de los adioses,

fueron a despedirla criaturas de hermosura,

esas que rescató del caos, de la sombra,

de la contradicción, y las hizo vivir

en la atmósfera mágica creada por su aliento.

Metamorfosis de la hechicera, R. Castellanos

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